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Cuando el ciberacoso contra periodistas atenta contra nuestro derecho a estar informados

Imagen de Thomas Wolter en Pixabay
Imagen de Thomas Wolter en Pixabay

La verdad a mi gusto. En tiempos de posverdad, lo que es verdadero, un concepto definido hace mucho tiempo, parece no estar claro para quienes no les gustan algunas verdades y otras sí. Es decir, compartir información crítica con nuestros valores la convierte inmediatamente en mentira, aunque sea verídica y haya sido correctamente verificada.

En el caso de los periodistas, quienes trabajan con la información y cuyo deber es corroborar sus fuentes y datos, el oficio de informar, en especial, aquellos actos que se quieren ocultar, ha afrontado diversos intentos y formas de censura desde siempre, solo que ahora suben a otro ring más, el escenario de las redes sociales, en donde ejércitos de trolls los atacan y amenazan su integridad a diestra y siniestra amparándose en el anonimato y atacando en grupo con decenas y hasta centenas de tweets o comentarios en minutos.

Basta con poner en el buscador de Twitter el término “periodista vendido” o “periodista mermelero”, esta última palabra es más usada en América Latina, para encontrar una serie de improperios y acusaciones de corrupción contra mujeres y hombres de prensa en México, Colombia, Argentina, España, etcétera, desde diversas posiciones políticas, conforme revelan palabras como facho, vendido al imperio, rojo, comunista, además de insultos de grueso calibre.

Como si fuera un acto enumerado, el ciberacoso contra los periodistas tendría un esquema ya establecido. El informe “Acoso en línea a periodistas: cuando los trolls arremeten contra la prensa” presentado por la organización Reporteros sin Fronteras (RSF) en el 2018, encontró tres etapas por las que pasa una campaña de ataques contra los periodistas.

El primer paso es la desinformación, es decir, la difusión de innumerables posts con contenidos falsos a favor de grupos políticos con el fin de minimizar o tapar el contenido periodístico contrario a estos colectivos. La segunda etapa es la amplificación de estos mensajes, valiéndose de personas a sueldo o de programas informáticos como los bots, se difunden posts a favor de un grupo en las redes sociales, con el objetivo de darle notoriedad a ciertas noticias o comentarios. Y el golpe de gracia es la intimidación a los periodistas incómodos para estos agresores, quienes insultan o atacan a los hombres y mujeres de prensa, tratando de desacreditarlos a ellos y a su trabajo, además de amenazar su integridad para silenciarlos.

En su informe RSF encontró que, si bien es difícil demostrar un vínculo directo con los políticos, el hecho es que la investigación encontró campañas de odio online contra periodistas en 32 países, que habrían sido orquestadas por gobiernos represivos o autoritarios, como China, Rusia, Irán, India, entre otros; además de agresiones de parte de comunidades alineadas a determinadas posiciones políticas en países considerados democráticos, como Finlandia o Suecia.

Uno de los grupos más atacados en redes sociales es el de las mujeres periodistas, varias de ellas por su activismo hacia la igualdad de género. De las periodistas entrevistadas por RSF, dos tercios indicó haber sido víctima de intentos de amedrentamientos, y el 25% de ellas padeció este acoso en internet.

El otro grupo atacado por los trolls, es el de los periodistas de investigación. Por ejemplo, el periodista Alberto Escorcia, según se refiere en el informe de RSF fue amenazado de muerte después de su investigación sobre el uso de “cuentas durmientes” para influir en las campañas electorales de México.

Para RSF uno de los impactos más significativos con este acto se da cuando los entrevistados señalan que estas agresiones online eran de tal magnitud que tuvieron que autocensurarse. Además, otro de los aspectos preocupantes es lo sencillo y barato que le resulta a cualquier grupo lanzar ataques masivos contra periodistas o cualquier persona, por lo que instó a los Estados y la comunidad internacional a tomar cartas en el asunto para enfrentar estas agresiones que amenazan el trabajo de la prensa, la libertad de información y la democracia.

Cuando los trolls atacan al mensajero

Desde hija de puta hasta zorra, entre otros improperios más han recibido las periodistas mujeres. Por ejemplo, Ana Pastor, periodista de La Sexta y fundadora de la agencia de verificación de bulos Newtral, ha sido ciberacosada e incluso fue amenazada de muerte por un sujeto desconocido en el 2017. En la actualidad, Pastor sigue recibiendo críticas sobre su trabajo e imparcialidad, las mismas que hacen alusión a sus posiciones ideológicas y de activismo a favor de los derechos de la mujer. Varios de los mensajes e insultos contra la periodista en redes sociales hacen alusión a su condición de mujer.

De igual forma, la periodista Olivia García de la Rioja2, especializada en cobertura de noticias de igualdad de género y de los derechos LGTB, fue acosada digitalmente por más de dos años, en especial, cada vez que publicaba contenidos relacionados a estas causas, ya sea en el medio en donde trabaja o en sus propias redes sociales.

Olivia García recibió hasta 40 notificaciones llenas de insultos en un promedio de diez minutos y conforme pasaba el tiempo la intensidad de los ataques se elevaba más, alcanzando incluso a sus familiares. La agresión paró solo cuando García denunció públicamente el hecho y la policía rastreó el IP del agresor, en el 2018, acabando con la pesadilla para la periodista riojana.

Tweets contra la periodista Olivia García

Bajo la autodenominación de “The Avengers”, otro ejército de trolls, coordinaba en un chat de Whatsapp con el mismo nombre, una serie de campañas de desprestigio en redes sociales contra periodistas y políticos, que cuestionaban la labor de Sanjuana Martínez, directora de Notimex, la agencia de noticias del Estado Mexicano.

Según reveló un reportaje de Aristegui Noticias, los ataques habrían sido coordinados, entre octubre y diciembre del 2019, por el mismo director de la sección internacionales de dicho medio, Erick Muñiz Soto, quien -conforme se observaba en el grupo de Whatsapp referido- daba instrucciones, de atacar con bots y cuentas falsas de twitter a los periodistas María Scherer, Julio Hernández López, Julio Patán, Álvaro Delgado, Juan Omar Fierro, Irving Pineda y Enrique Krauze.

Reportaje sobre campaña de desprestigio contra periodistas mexicanos

Cubrir la autoproclamación de Jeanine Áñez como presidenta interina de Bolivia, poco después de la renuncia de su antecesor, Evo Morales, debido a las acusaciones fraude electoral vertidas en su contra, le valió amenazas de muerte y agresiones reales al periodista argentino Mariano García de la cadena televisiva bonaerense Telefé y a su equipo de prensa, quienes tuvieron que salir de Bolivia, en medio de un clima político hostil y convulso contra la prensa extranjera, por medio de un operativo de la Gendarmería Nacional argentina.

Todo empezó, cuando Mariano García entrevistó a Fernando Camacho, líder civil de ultraderecha a favor de la asunción de la presidenta Áñez, cuestionando las declaraciones del político respecto al ambiente de unión que se vivía en Bolivia. Según García, a partir de ese momento recibió ataques de trolls en sus redes sociales, quienes, usando imágenes de sus vacaciones en Cuba, generaron una serie de posts acusando al periodista de ser un agente infiltrado del castrismo, de impulsar un acto de sedición contra el nuevo gobierno y desarrollar una cobertura engañosa.

Tal parece que el insulto en las redes sociales se ha vuelto una moneda barata de la que varios desean usar, pero, ¿qué es lo pasa cuando una sociedad se aleja del argumento y rebaja el nivel de su debate al mero insulto? ¿qué sucede si la población empoderada tras el anonimato de las redes sociales cae en el juego de las agresiones online? ¿cuál es la consecuencia de atacar al periodismo por informar o de acosar masivamente a los periodistas, valiéndose de innumerables trolls, cuentas anónimas y redes que comparten el insulto sin cuestionarlo siquiera o sin pensar en el impacto que se puede causar a otra persona?

Con esto hay que tener especial cuidado, porque si bien informar es menester del periodismo, la libertad de información es el derecho de todos. Eso significa que los actos de acoso en línea, y de cualquier otro tipo, no solo atentan contra el periodista sino contra nuestro derecho de estar informados de lo que sucede a nuestro alrededor y esa es la única manera de cuidar de nuestra democracia.