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Apps de mensajería privada como focos de desinformación: ¿Qué nos dicen los fact-checkers y personas expertas?

Imagen de Pete Linforth en Pixabay

¿Qué sucede cuando la solución se convierte en un problema, cuando lanzas una flecha y al no alcanzar el objetivo esta gira tras de ti, como un arma o efecto boomerang? Esa parece ser la pregunta que queda flotando respecto a si fue un acierto o no la aplicación de las políticas restrictivas implementadas en las redes sociales para combatir la desinformación y a sus propagadores, mucho de los cuales iniciaron un éxodo hacia aplicaciones de mensajería privada, para evadir la censura ejercida por sus acciones desinformativas y de incitación al odio.

Replanteando la pregunta al estilo shakespeariano, ¿estar o no estar es mejor para controlar el problema? En AIKA Educación, consultamos a expertos en la verificación de contenidos o fact-checkers, como Itziar Bernaola de Newtral; y recopilamos también la perspectiva de investigadores, tecnólogos y especialistas en la lucha contra la difusión de contenidos tóxicos.

El objetivo es saber si se ha dado un incremento de contenidos falsos en estas plataformas después de los eventos mencionados; si son una amenaza a la labor de verificación; y si las apps tipo WhatsApp, Telegram o Signal plantean dilemas éticos y de verificación, debido a su tecnología encriptada, capaz de distribuir mensajes codificados de extremo a extremo, evitando que sean descifrados por cualquiera que no sea su remitente o destinatario.

¿Son un foco desinformativo o mas bien una solución?

Una de las primeras instituciones en abordar este tema, fue el Instituto Poynter, que agrupa a la International Fact-Checking Network, que en un informe citó a expertos del sector académico y de verificación de datos. Nina Jankowicz, investigadora de desinformación de Wilson Center afirmó en este reportaje que si bien eliminar a los extremistas y agentes desinformativos de las redes sociales dificulta la ampliación de sus mensajes y el reclutamiento de más adeptos, la migración de estos grupos hacia plataformas difíciles de monitorear, puede ser impulsada con éxito por personajes influyentes de ideas similares.

AIKA entrevistó a Itziar Bernaola, directora de Newtral Educación, división de alfabetización mediática de la organización de Fact-Checking Newtral, quien precisó que “la desinformación suele ser un circuito, que conecta aplicaciones de mensajería privada con redes sociales, por lo que los contenidos van saltando de uno a otro de forma aleatoria”, además de que su intensidad de uso por plataforma se relaciona con la cantidad de usuarios de cada una. Para ella es difícil cuantificar qué hubiera sucedido si se hubieran tomado determinadas medidas o no, puesto que por “la pandemia el volumen de circulación de contenidos falsos aumentó mucho”. 

“En el caso de España, redes privadas como Whatsapp son una de las principales fuentes de circulación, pero a diferencia de lo que ocurre con Facebook o Twitter, esta circulación se produce en la sombra, al no ser pública es complicado extraer números o compararlos”. 

Itziar Bernaola comenta a AIKA Educación que las aplicaciones de mensajería privada representan dificultades para la labor de verificación.

A esto se suma la preocupación de algunos de los ex y actuales empleados de Signal, la compañía de mensajería privada que más descargas ha tenido desde enero de este año. En ese mes vetaron a Donald Trump y varios de sus seguidores de diversas plataformas de redes sociales por difundir información falsa e incitar al odio durante el contexto de las elecciones presidenciales y del asalto al capitolio estadounidense por grupos extremistas; además de que fue cuando WhatsApp anunció su nueva política de privacidad de mensajes que generó inquietud y un abandono de usuarios de esta aplicación.

En un informe de Casey Newton en The Verge, meses antes de las elecciones presidenciales estadounidenses, ejecutivos de esta compañía plantearon interrogantes a los altos mandos de la misma respecto a las nuevas funciones de la aplicación, las cuales podrían impulsar su uso de forma dañina o peligrosa; a lo que el fundador de Signal, Moxie Marlinspike, respondió que mientras eso no se haga realidad, no harían nada al respecto. En general, la posición de la compañía va por priorizar la privacidad de sus usuarios frente a la implementación de medidas de vigilancia o moderación de contenidos dentro de las mismas.

En una conversación sobre el tema para The New York Times, los periodistas en temas de tecnología y desinformación Kevin Roose y Bryan Chen analizaron las ventajas y desventajas de las medidas implementadas por las plataformas de redes sociales orientadas a censurar a los agentes desinformativos.

Roose afirmó que a pesar de no ser bueno para la seguridad pública que grupos extremistas como los neonazis o milicias de extrema derecha tengan canales encriptados para comunicarse y organizarse, el sacarlos de las redes sociales representa más un beneficio, porque no pueden extender su mensaje como antes ni encontrar nuevos simpatizantes. Para el periodista mientras las plataformas de social media te permiten ver las publicaciones de desconocidos, con las aplicaciones de mensajería cerrada solo ves una lista de conversaciones con tus conocidos, por lo que si alguien fuera de tu red quiere enviarte un mensaje debe conocer tu número de teléfono para hacerlo, lo que implica un mayor esfuerzo para la circulación masiva de cadenas de contenidos falsos.

En la misma plática, Chen planteó algunos retos adicionales que representa la app de mensajería privada Telegram, puesto que cuenta con chats de grupo que permiten la reunión de hasta 200 mil personas. En esto coincidió Roose al señalar que pese a estar diseñadas como canales de difusión de mensajes de usuario a usuario, funciones como esta la pueden convertir en redes sociales bajo las sombras. Sin embargo, ambos comunicadores coincidieron en que ni los chat de grupo ni los mensajes reenviados están cifrados, por lo que sus contenidos podrían ser investigados por las autoridades de ser necesario.

Lidiando con el problema

Las organizaciones de Fact-Checking son conscientes de la importancia de ejercer su labor de verificación en estos canales, por lo que aplican mecanismos propios para garantizar este trabajo. En el caso de Newtral, Itziar Bernaola nos comentó que cuentan con un servicio de verificación por Whatsapp, en el que los usuarios les envía contenidos que sospechan pueden ser falsos, desde sus teléfonos. “Nosotros recibimos esos potenciales fakes, los investigamos, y respondemos al usuario de vuelta, con la esperanza de que igualmente comparta esos desmentidos con el resto de usuarios que considere oportuno, y crear así una ´cadena virtuosa´ de verificación que contrarresta las cadenas de mensajes con bulos, que suelen ser las que arrasan en nuestros chats, refirió. 

Dado que existe una migración de grupos radicales hacia estas aplicaciones de mensajería encriptada y de que hay un interés de la comunidad involucrada y en general de la opinión pública por evitar que se conviertan en focos de desinformación también hay dilemas éticos que surgen a propósito, puesto que estas han sido diseñadas para preservar la privacidad de los mensajes y nacieron con la intención de servir como canales comunicativos seguros para periodistas y activistas que trabajan en entornos de dictadura o vigilancia, aunque también han sido usadas por grupos terroristas, como Isis.

La investigadora Nina Jankowicz cree que ejecutar la labor de verificación en estas apps representa un “desafío ético” para los propios verificadores resaltando la necesidad de cuidar estos medios comunicativos sin dejar de lado la lucha contra contenidos que amenacen la democracia. Se trata de un tema especialmente sensible, puesto que -desde el escándalo de Cambridge Analítica– la opinión pública empieza a ponderar cada vez más el valor de sus datos.

Además, se debe poner en el tablero el hecho de que otra respuesta usada por las agentes desinformativos ha sido el de recurrir a redes sociales que no censuran sus contenidos, como Parler, o generar sus propios medios de comunicación. El último informe anual de Reuters Institute y la Universidad de Oxford “Periodismo, medios y tecnología: tendencias y predicciones para 2021” indica que este año la presencia de medios y redes sociales partidistas, como Gab, pueden acrecentar su comunidad de usuarios, debido a las restricciones impuestas por las plataformas tipo Twitter o Facebook para limitar la desinformación, convirtiéndose así en un nuevo refugio de grupos extremistas o que comparten contenidos falsos y de odio.

En una entrevista para AIKA Educación, Lorena Jaume-Palasí experta en inteligencia artificial y gobernanza de algoritmos, aclaró que la lucha contra la desinformación requiere estrategias de proximidad social, porque no hay una única fórmula aplicable para todos los perfiles de usuarios, al ser cuestiones morales. La también directora de Tech Society agregó que “la democracia vive de la divergencia y lo que se regula es el conflicto, que va más allá de líneas rojas demarcadas para la libertad de expresión. Eso significa que las medidas de prevención no deben motivar a las personas a esconderse o radicalizarse, de tal forma que se convierta en un movimiento difícil de controlar. Por eso, vemos que la jurisprudencia es el brazo del gobierno que contextualiza y decide que es lícito o no lo es”.

Según los expertos consultados y citados la lucha contra la desinformación, al igual que el covid, es algo con lo que tendremos que lidiar a diario, desde las unidades de fact-checking, periodistas, autoridades hasta los propios ciudadanos de a pie. Son circuitos que deambulan desde las redes sociales a los canales de mensajería privada y al ser expresiones y herramientas usadas permanentemente por las personas, circulan entre el mundo físico y el virtual como un yin y yan.

Siendo así, la tecnología ya no es vista únicamente como un canal aislado, sino como una infraestructura social que influye en la vida de las personas, la formación de la opinión pública y es capaz de perturbar la democracia, por lo que aspectos morales y éticos ya entran en la ecuación de su valoración, un factor que sin duda debe incluirse más en la prevención de este mal para ser más eficaces en esta otra pelea.

Datos de contexto

A partir de septiembre del año pasado, en medio de una crisis de reputación y una gran presión ciudadana, varias redes sociales, entre ellas Facebook, Twitter y Youtube, etc., implementaron cambios en sus políticas de publicación, obstaculizando, limitando y censurando la difusión de contenidos falsos o tergiversados en sus espacios y la presencia de grupos extremistas, agentes difusores o usuarios con tendencia a compartir campañas de desinformación o de odio. Los cambios pasaron desde el etiquetado de contenidos falsos al cierre o veto de personas que compartían reiteradamente este tipo de publicaciones.

El punto de inflexión hacia política más rígida sucedió durante el contexto de la violenta invasión al Capitolio estadounidense el 06 de enero, por parte de grupos radicales de extrema derecha y seguidores de Donald Trump, descontentos por los resultados electorales. Ahí, plataformas como Twitter, Facebook, Instagram, Youtube, Twitch, Tik Tok, Reddit, Snapchat vetaron o anularon las cuentas de Donald Trump y varios de sus seguidores por incitar a la violencia y desinformar, al difundir sin pruebas versiones sobre un supuesto fraude electoral en contra del ex mandatario. De igual forma, la aplicación de extrema derecha Parler fue vetada de Google Play Store y App Store y de los servidores de Amazon Web Services por negarse a implementar políticas de moderación en contra de contenidos falsos, conspiranoicos y de odio. A partir de este evento, varios de los grupos vetados, comenzaron su migración hacia canales de mensajería privada, alentando a otros a seguirlos.

El 06 de enero, los representantes de Whatsapp anunciaron en su blog que implementarían una nueva política de privacidad que faculta a esta aplicación a compartir determinado contenido de sus usuarios con su empresa propietaria Facebook. Aunque se trata de un protocolo que involucra a los mensajes que discurren entre usuarios y empresas, según aclaró la compañía después, su escueta comunicación al inicio alimentó y propagó una serie de contenidos tergiversados sobre el hecho, en donde reinaba la falsa creencia de que Facebook podía leer todos los mensajes de Whatsapp.

Tal suceso, provocó una descarga masiva de aplicaciones de mensajería encriptada, como Telegram y Signal, siendo que la primera experimentó un crecimiento del 146% en sus descargas entre el 05 al 10 de enero de este año, mientras que la segunda aplicación tuvo un incremento del 677% durante el mismo período con base a cifras de la firma de inteligencia Apptopia.

Entre las nuevas funcionas de Signal que preocupan a sus ejecutivos, destaca la función de enlaces grupales, que permite a sus usuarios invitar a cualquiera a unirse a grupos de hasta mil personas, lo que puede ser útil para el reclutamiento.

Casos de cadenas desinformativas por whatsapp

Junto a nuestra reportera Martha Dávalos Guillén, recopilamos casos de cadenas de mensajes falsos que han estado circulando por WhatsApp en las últimas semanas, lo que compartimos para dar muestra del uso de las aplicaciones de mensajería privada para difundir contenidos tóxicos y alertar a los usuarios de estos contenidos, lo que mostramos a continuación.