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Entrevistas

Alfonso Morales: «Ahora, el servicio público audiovisual tiene la obligación de posicionarse como referente para la sociedad»

Por Kelly Robledo

Las tareas de informa, educar y entretener que se le atribuyen a la profesión periodística se hacen más evidentes en el actual contexto. Dentro de ello, resulta de particular interés la gestión de contenidos que realiza la radiotelevisión pública, por su expansión y el impacto que puede tener en la ciudadanía. En medio de lo que muchos han denominado una sociedad de la infoxicación, ¿qué labor desempeñan las cadenas informativas?, ¿en qué medida aportan a la formación de ciudadanos conscientes? y ¿a qué retos se enfrentan?

Próximos al 3 de mayo, Día Mundial de la Libertad de Prensa, hablamos con Alfonso Morales Fernández, jurista y doctor en Comunicación, y actual presidente del Consejo de Administración de TeleMadrid. En esta entrevista, y a raíz de su experiencia, nos acercamos a la imperiosa necesidad de que exista una televisión pública que oferte contenidos independientes, con criterios éticos constatables y que sea un referente para el público.

¿Hasta qué punto la televisión pública puede ser considerada como un apoyo en la formación de los ciudadanos y ciudadanas?

Uno de los pilares básicos que integran el concepto de servicio público audiovisual reside en la necesidad de satisfacer las necesidades relacionadas con la educación y la cultura de la ciudadanía. Desde esta perspectiva, entiendo que esta capacitación social constituye un elemento básico y que debiera ser diferenciador en las radio televisiones públicas. En este sentido, hay que ser muy honesto, porque en mi opinión, queda mucho por hacer.

¿Qué limitaciones tiene la televisión pública para producir y ofrecer contenido formativo de calidad? ¿A qué se deben estas?

Parece evidente que los prestadores de servicios de comunicación audiovisual de naturaleza pública identificamos elementos que dificultan, en ocasiones, poder avanzar en este aspecto.

La necesidad de ofrecer una oferta programática equilibrada, implica la gestión eficiente de los recursos disponibles, tanto materiales, económicos, como los humanos. Actualmente, la oferta de contenidos formativos en las televisiones públicas del Estado es reducida, casi residual. Sin embargo, acontecimientos sobrevenidos como la pandemia que sufrimos, acrecientan la necesidad de orientar el servicio público audiovisual hacia un entorno que ofrezca la prestación de contenidos formativos que contribuyan a suplir, o al menos a aliviar, la ausencia de formación tanto reglada como no reglada. Dicho de otro modo, este tipo de circunstancias, de crisis, suponen en cierta medida una oportunidad para las radio televisiones públicas para posicionarse como un servicio esencial para la comunidad.

¿Cómo se gestiona este tema en Madrid? ¿Cómo hace frente a la gran cantidad de información que circula ahora, que muchas veces es falsa? ¿Qué avances se han tenido?

El fenómeno de las noticias falsas está ampliamente documentado, siempre ha existido, pero la accesibilidad a la información por parte de los ciudadanos, y el advenimiento de la Sociedad de la Información y el Conocimiento han acrecentado su difusión y, por tanto, su impacto.

En este contexto, el servicio público audiovisual tiene la obligación de posicionarse como un elemento de referencia para la sociedad a la que sirve, para atenuar la proliferación de fake news o, al menos, para reducir su fin -que no es otro que el confundir al ciudadano con objeto de alterar la conformación de la opinión pública, elemento fundamental a preservar en cualquier democracia-. Desde luego, me parece una amenaza muy seria ante la que las principales instituciones tanto europeas como nacionales, deben posicionarse de manera clara y contundente, aunque ya se está avanzando en ello, como el proyecto de la Comisión Europea.

Por su parte, Telemadrid está contribuyendo en la manera de sus posibilidades a luchar contra los bulos y noticias falsas en general. En ese sentido, las empresas de fact checking o verificación de datos pueden llegar a ser unos aliados muy relevantes para el trabajo habitual en nuestras redacciones.

«Este tipo de circunstancias, de crisis, suponen en cierta medida una oportunidad para las radio televisiones públicas para posicionarse como un servicio esencial para la comunidad»

Alfonso Morales Fernández, presidente del Consejo de Administración de TeleMadrid

Respecto al público… ¿las personas en verdad reclaman contenido de calidad?

Sin duda. Parece una suerte de paradoja constatar cómo contenidos que aparentemente no responden a unos mínimos cánones de calidad técnica pero también sociológica, triunfan en televisiones privadas alcanzando cuotas de audiencia muy elevadas. Sin embargo, la tarea, la misión si quieren, de la televisión pública no consiste en competir por el share, debe estar orientada a conquistar la percepción social de la excelencia audiovisual, de aquello que nos distinga, para bien, de la oferta de servicios y contenidos que prestan los operadores privados. Y en ello estamos, porque los estudios sociológicos que periódicamente realizamos, nos trasladan esa necesidad por parte de un porcentaje mayoritario de la sociedad.

El ciudadano que contribuye con  sus impuestos al sostenimiento del servicio público audiovisual, merece el esfuerzo de que se le provea de contenidos de calidad, que respondan a criterios no solo de rentabilidad social, sino también cualitativos. El consumidor exige y la televisión pública debe estar a la altura de poder corresponder esa demanda, con la requerida eficiencia económica y de gestión.

Una situación tan particular como la actual –el confinamiento provocado por el COVID-
19-, ¿qué ha hecho evidente en términos de gestión de recursos y producción de contenidos en la televisión pública?

A mi juicio: la necesidad de adaptarnos a la realidad cambiante que vivimos teniendo como objetivo último poder satisfacer la demanda creciente de información objetiva e independiente, elaborada con unos criterios éticos constatables.

Para ello, la televisión pública ha tenido que hacer un esfuerzo considerable por reconducir sus recursos, que son escasos, y modificar sustancialmente su oferta de contenidos para responder solventemente a las necesidades actuales que demanda la sociedad. En el caso de la radio televisión pública madrileña, hemos tenido que enfrentarnos a serias dificultades derivadas de un marco económico muy estricto y limitado, pero también de unas dificultades añadidas desde el punto de vista de la gestión de los recursos humanos y materiales, situación que esperamos que evolucione favorablemente a medio plazo.

Pero el resultado está mereciendo la pena. Para Telemadrid está suponiendo la recuperación constatable de nuestro papel como servicio público, incluso liderando a través de nuestra web las audiencias de todas las televisiones públicas autonómicas en España. Es una responsabilidad que asumimos con humildad y respeto, pero también con audacia.

«La televisión pública es patrimonio único y exclusivo del conjunto de la sociedad a la que debe representar en su diversidad»

Alfonso Morales Fernández, presidente del Consejo de Administración de TeleMadrid

¿Qué falta por hacer? ¿Cuáles son los retos a los que se enfrentan las cadenas de televisión pública, sus directivos, y sus comunicadores y periodistas?

El principal, a mi juicio, reside en defender, si cabe con más ahínco, la necesidad imperiosa de reforzar la prestación del servicio público audiovisual. Son muchos los motivos que me llevan a afirmar lo anterior, y que son de sobra conocidos, por haber sido replicados en distintos instrumentos normativos de nuestro vigente marco legal.

Ahora, y supongo que también antes, nos toca vivir tiempos en los que la demagogia fácil contra las radio televisiones públicas está a la orden del día, cuando los poderes políticos no respetan la independencia que merecemos. En este contexto, solo cabe reivindicar nuestro papel con hechos, con una actuación constatable que demuestre por un lado la utilización eficiente de los recursos puestos a nuestra disposición y, por otro, con un distanciamiento claro y evidente del Gobierno de turno, que demuestre que la televisión pública es patrimonio único y exclusivo del conjunto de la sociedad a la que debe representar en su diversidad.