Entrevistas

Pilar Pérez Esteve: “Traspasemos los muros de las aulas, hablemos de ciudades y familias lectoras”

La docente y exdirectora del portal Leer.es reflexiona en la entrevista sobre la necesidad de fomentar la lectura, especialmente entre los jóvenes
Foto: Pilar Pérez Esteve con sus alumnos.

Pilar Pérez Esteve dedica su tiempo a fomentar y difundir el placer por la lectura. Fue directora y conceptualizó la iniciativa Leer.es. Actualmente trabaja como orientadora en el IES La Sènia en la ciudad de Paiporta (Valencia). Ha representado a España durante varios años en la European Agency for Special Needs and Inclusive Education  y en el Consejo de Europa en el grupo Language of Schooling. Plurilingual and Intercultural Education. En 2003 recibió el Premio ESU Prince of Edinburgh.

Imagen: Pilar Pérez Esteve

Su trayectoria profesional está marcada por el fomento de la lectura, los lenguajes, la literatura… ¿Qué juego desempeña la competencia lingüística actualmente en la sociedad?

¿El papel de la competencia lingüística? ¿El papel del corazón en nuestra vida? La competencia lingüística es la competencia de las competencias. La mayor parte de nuestros aprendizajes se vehiculan a través del lenguaje. Sin palabras no podemos pensar, sin corazón no podemos vivir. Como dice Isabel Solé, quien no sabe hacer volteretas puede sentirse incompetente en ciertas ocasiones, pero quien no posee una competencia lectora adecuada se siente incompetente todo el tiempo. Aprendemos y nos relacionamos fundamentalmente a través del lenguaje, así que dotar a niños y niñas de esa herramienta es esencial. Probablemente, nunca antes nos habíamos enfrentado en Educación al desafío de conseguir que todos los estudiantes fueran capaces de alcanzar un nivel adecuado de competencia lectora, es decir, que todos pudieran leer, entender y utilizar de forma reflexiva documentos escritos de muy diverso tipo. Este enorme reto es nuevo porque en el pasado solo se planteaba para una minoría de la población. Hoy, si queremos que nuestros niños y niñas puedan participar en la sociedad, integrarse, convivir, desarrollar un espíritu crítico, aprender…, han de poder comprender textos diversos. Ya lo dice Emilio Sánchez Miguel, aprender a leer es tan difícil como aprender a tocar el violín, solo que ahora necesitamos, y queremos, que todos puedan hacerlo.

“La competencia lingüística es la competencia de las competencias. […] Sin palabras no podemos pensar, sin corazón no podemos vivir”

¿Cree que se lee menos? ¿O se lee de otras formas?

El informe La Lectura en España muestra datos relevantes: casi un 40% de los españoles no ha leído ningún libro en 2016. Pero también dice que los jóvenes leen más. Sí, este dato coincide con mi percepción por la relación cotidiana con adolescentes en el instituto. Leen más, algunos leen muchísimo más, ha aumentado significativamente el porcentaje de quienes leen asiduamente. Aun así, seguimos sin llegar, ni en cantidad ni en calidad, a la mayoría de la población.

Por otro lado, se asocia casi exclusivamente lectura a lectura literaria. Si atendemos a la definición de PISA ‘Competencia lectora es comprender, utilizar, reflexionar e interesarse por los textos escritos, para alcanzar los propios objetivos, desarrollar el conocimiento y potencial personales, y participar en la sociedad’. Es decir, leemos –y escribimos- para aprender matemáticas o arte, leemos para elegir en una cartelera digital la película que queremos ver, leemos para montar un aparato, leemos para comprar un vuelo, para compartir nuestras opiniones, leemos para disfrutar de un relato. Y cada propósito de lectura precisa destrezas diferentes, entre ellas estar familiarizado con el género textual que estamos leyendo. Cada género (una entrevista, un folleto, una receta, una infografía, una carta al director…) contiene indicadores que, si los conocemos, nos guiarán en la lectura.

Hoy más que nunca, la lectura en todos los formatos está en nuestra vida diaria. Pero no aprendemos a leer de forma crítica por arte de magia, ni siquiera por el mero acercamiento a textos diversos. Se precisa, como nos recuerda Felipe Zayas, darle a la lengua. Por tanto: acompañamiento y un sistema educativo que enseñe a leer para comprender y para participar en la sociedad. Una intervención didáctica que enseñe a mirar los textos y a reflexionar sobre ellos, que acompañe a los estudiantes en la lectura mostrando qué hace un lector competente cuando se enfrenta a un texto con un propósito.

¿Qué opina sobre la comunicación cada vez más multimodal? ¿Esta producción continua a partir de mensajes escritos, audiovisuales, auditivos… afecta a su vez a la lectura?

No es que afecte a la lectura es que es la lectura. Así que, además de pretender que el reto de comprender sea universal, añadimos la complejidad de la lectura en pantallas, de la lectura –y la escritura- colaborativa. Nuestros alumnos y alumnas han nacido rodeados de dispositivos móviles. Leen continuamente textos híbridos, textos en pantalla. Textos llenos de hipervínculos, de vídeos, de llamadas a contenidos relacionados, textos sobre los que pueden opinar y compartir. Pero, ¿los comprenden? ¿Son competentes en los nuevos formatos de lectura? ¿Leer en pantalla requiere las mismas destrezas que la lectura en papel? ¿Qué nuevas habilidades requiere la lectura en pantalla?

“Nuestros alumnos y alumnas han nacido rodeados de dispositivos móviles. Leen continuamente textos híbridos, textos en pantalla. Pero, ¿los comprenden?”

Foto: Pilar Pérez Esteve en la Ferio del Libro de Valencia.

Para múltiples acciones, cotidianas e ineludibles, necesitamos leer y comprender lo que leemos. Lo hacemos para elegir, por ejemplo, un altavoz o un viaje; leemos cuando queremos saber si tenemos todo lo que necesitamos para una excursión, o cuando queremos preparar un plato para compartir una merienda con amigos. Leemos si vamos a preparar un debate sobre la mayoría de edad a los 16 o a los 18 años, o si estamos haciendo una Guía turística de nuestra Ciudad o redactando las normas del Club que queremos crear.

Para leer y comprender necesitamos las mismas destrezas de siempre: buscar información, inferir significados no explícitos y reflexionar sobre la forma y el contenido de los textos. Pero en la lectura en pantalla se dan sustanciales diferencias que van mucho más allá del formato. En pantalla los textos no son estáticos. Antes podíamos leer un artículo, un gráfico o un mapa que se encontraba en una página. Si queríamos ampliar o contrastar la información, teníamos que saltar a otra página quizá de otro libro o con otro formato, y así sucesivamente. Leíamos de forma diferente, y además había pocas distracciones en el texto.

Como señala Felipe Zayas, el texto multimodal no está escrito, lo escribimos nosotros en función de nuestros objetivos o de nuestros intereses. Cuando leemos en pantalla, nos encontramos con unos textos muy distintos a los tradicionales porque leer en pantalla supone mucho más que un cambio de soporte, es una modificación sustantiva del modo de leer porque comporta una forma diferente de organizar los contenidos. En una pantalla la información no es lineal y mucho menos cronológica. Hay muchos posibles itinerarios de lectura en función de lo que busquemos, en función de nuestros intereses. Así que los niños y niñas se pierden continuamente, hacen clic en mil sitios sin pararse a pensar a dónde quieren ir, leen de forma superficial. Guiar la lectura es esencial.

“Los niños y niñas se pierden continuamente, hacen clic en mil sitios sin pararse a pensar a dónde quieren ir, leen de forma superficial. Guiar la lectura es esencial”

En su publicación Nuevas Alfabetizaciones Lectura en Pantalla señala algunas indicaciones para afrontar estos nuevos modelos ¿qué metodologías considera esenciales para aprender a leer en la pantalla?

En demasiadas ocasiones ‘las clases de lengua’ siguen esta secuencia: se pasa lista, se revisan las actividades propuestas en la última clase, se explican un nuevo contenido, se resuelven dudas, se practica lo explicado, se ponen tareas para la clase siguiente. ¿Reconocemos esta secuencia? ¿Por qué tras tantos años de investigación educativa sigue inamovible en muchas aulas este absurdo ritual? Así es imposible llegar a ser competentes en comunicación lingüística.

La solución es compleja porque el problema es complejo. Me gustaría destacar las numerosas experiencias e investigaciones que muestran que los estudiantes, desde muy temprana edad, aprenden mucho mejor y mucho más, de otro modo. Cada vez más, hay más docentes que organizan el desarrollo de la competencia lingüística en torno a problemas, a preguntas, a tareas y proyectos que comportan un producto final y que tienen un destinatario social. Aunque solo sea en la Semana de los Proyectos.

La escritura colaborativa enmarcada en un Proyecto, da sentido a los aprendizajes porque los estudiantes están inmersos en un contexto que da sentido a la producción textual (por ejemplo, una entrevista para la revista escolar) y, al mismo tiempo, da sentido a las actividades de aprendizaje (cómo escribir una entrevista).

Algunas lecturas como Competencia en comunicación lingüística, Secuencias didácticas para aprender a escribir, o el libro reciente El verbo y su enseñanza, profundizan en la relevancia de leer y escribir con un propósito.

¿Acabarán eventualmente los smartphones con los libros? ¿Cómo se imagina el futuro?

Roger Chartier, opina que “la respuesta pertenece a los nativos digitales que identifican cultura escrita y textualidad electrónica. Son sus prácticas, más que nuestros discursos, los que van a decidir sobre la sobrevivencia o la muerte del códex como realidad material, y la del libro como discurso”.

El futuro que imagino es ya el presente, y en él  conviven diferentes soportes. ¿Los libros de papel? Personalmente me resulta difícil desvincular una buena historia al olor y al tacto del papel. He pasado unos años leyendo en pantalla, ahora solo lo hago cuando me resulta incómodo el peso. A veces incluso compro los dos formatos. Y observo este mismo comportamiento en mis estudiantes. Los lectores aman el papel y las ediciones cuidadas.

“Los lectores aman el papel y las ediciones cuidadas. Pero también hemos de considerar que existen nuevas maneras de leer, de hablar de libros y de la pluralidad de textos”

Pero también hemos de considerar que existen nuevas maneras de leer, de hablar de libros y de la pluralidad de textos y de lecturas que se mezclan, con la oralidad y con las nuevas formas de hablar de libros como el interesantísimo mundo de los booktubers. Quizá, como señala Gemma Lluch, los mecanismos de captación están en el smartphone y, en muchos casos vamos de la pantalla a los libros. Pero no solo leemos literatura y ahí sí lo veo claro: el smartphone es el medio predominante.

Imagen: Shutterstock.

Teniendo en cuenta su experiencia en la dirección de Leer.es ¿son los esfuerzos del MECD suficientes? ¿Qué más se podría hacer?

Los estudios internacionales muestran un nivel de competencia lectora de nuestros estudiantes muy por debajo de lo que necesitan para desarrollarse personal y profesionalmente. Muy por debajo de los que un país precisa de sus ciudadanas y ciudadanos. Y también muestra diferencias entre Comunidades Autónomas mayores que las que se producen entre países. ¿Por qué? Desde mi punto de vista porque este reto no puede ser responsabilidad casi exclusiva del sistema educativo. Es un reto social que precisa del esfuerzo enorme de las administraciones. En mi opinión, leer.es marcó un antes y un después en la forma de entender la lectura y las nuevas alfabetizaciones.

“¿Y si traspasamos los muros de las aulas y pensamos en familias lectoras, en ciudades lectoras?”

Queda tanto por hacer… Leer en distintos formatos, en diferentes soportes, para participar en la actividad social ha de convertirse en una prioridad en las políticas educativas. Solo desde esa convicción y desde el compromiso social, podremos enfrentar este enorme reto. Un reto que no puede centrarse en el sistema educativo, ha de convertirse en una cuestión de estado que corresponsabilice al conjunto de la sociedad. Hemos de cambiar la perspectiva de exigencia permanente a la escuela y a los docentes por políticas que involucren a la colectividad y que centren la mirada en las familias. ‘Familias lectoras en red’ ese fue el lema del último congreso que organizamos antes de mi salida de leer.es.

Escuché al psiquiatra Rojas Marcos decir que “vale más un buen padre (madre) que cien maestros”. ¿Y si traspasamos los muros de las aulas y pensamos en familias lectoras, en ciudades lectoras?

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