Opinión

Aprender con relatos que adoctrinan

Foto: Pixabay.com

Hace un mes y medio les pedí a 50 alumnos de 12 años (primero de la ESO de un instituto público) que enumeraran los tres temas de la actualidad que más les preocuparan en aquel momento. Viven en Cataluña, se mueven en ambientes diversos y, más o menos, conocen la actualidad política y social que se ha generado en los últimos meses en esta Comunidad Autónoma. La figura del profesor también sirve para contextualizar sus interrogantes sobre lo que pasa, aportar referencias e intentar que entiendan desde los máximos puntos de vista posibles. Si al final te preguntan tu opinión sobre un tema concreto, se la ofreces una vez expuesta la noticia desde los enfoques que conoces, algo que exige un esfuerzo informativo y profesional previo. Escribieron los tres temas y la sorpresa vino en el cómputo de los resultados: el medio ambiente (el calentamiento y la contaminación mundial), las desigualdades entre ricos y pobres y los refugiados eran los más repetidos. El ambiente político y social generado en Cataluña quedaba en un lugar muy lejano.

La figura del profesor también sirve para contextualizar sus interrogantes sobre lo que pasa, aportar referencias e intentar que entiendan desde los máximos puntos de vista posibles

 Relatos

Coincidió que estábamos leyendo un fragmento del libro “1984” escrito por George Orwell (no elegido oportunamente por el profesor). Figuraba en el tema que tocaba del libro de texto digital, de la editorial Santillana. Hablaba de un nuevo orden mundial en el que los poderes y el Gran Hermano irían reduciendo las palabras que nos dejaran usar, con la consiguiente repercusión en nuestros pensamientos y la creación de una neolengua.

La televisión fue protagonista por dos motivos: por el nombre del programa de Telecinco (con 18 temporadas en antena) copiado del personaje de Orwell, y porque comentábamos que diferentes informativos de las cadenas no explicaban lo mismo sobre algunos temas en concreto. Como la actualidad catalana mandaba, se aprovechó que algunos eran fieles en sus casas a  programas de noticias solo de una cadena. Se les sugirió que pusieran más atención y, a los pocos días, que hablaran de las posibles informaciones e interpretaciones sobre los hechos de esos días. Todo obedece a una premisa básica, puesta en práctica desde hace más de veinticinco años: en las aulas se han de aprovechar las noticias de actualidad para educar.

Paralelamente, como el trabajo se desarrollaba en una clase de lengua, se les explicaba las fases para construir un relato concreto de ficción, en este caso de terror. El reto les motivó, aprovechando la colonización festiva de Halloween. Todo sirvió para conectar con tres ambientes a la vez: el relato de Orwell y su visión del futuro, el relato de cómo los informativos de televisión explican e interpretan la actualidad más cercana de Cataluña y el reto de escribir un relato.

Deducciones

De entrada, no entendían cómo las noticias (en el fondo, relatos) de las televisiones eran tan diferentes sobre la base de unos hechos aparentemente objetivos. Tal conclusión sirvió para plantear qué es eso de la objetividad, si existe o no en su mundo más cercano y, a partir de ahí, extrapolarla a los grandes medios de comunicación, con gran poder de influencia, con propietarios, subvenciones públicas o no y líneas editoriales relacionadas con tendencias políticas.

El profesor tuvo la osadía de hablarles del contenido de un libro llamado “Storytelling”, escrito por Cristian Salmon y publicado por ediciones Península. Les impresionó el subtítulo: “La máquina de fabricar historias y formatear mentes”. De entrada, les parecía  que iba en la línea del libro de Orwell. Se interesaron por algunos aspectos básicos de su contenido, que escucharon con atención. El arte de contar historias en la llamada “Era narrativa”, con ejemplos de la actualidad política internacional, centrada sobre todo en Estados Unidos y Francia, con algunas citas destacadas: “Sin una buena historia, no hay poder ni gloria”, o “La gente no quiere más información…quieren creer”, o bien “Hay que movilizar las emociones. La llave para abrir el corazón es una buena historia”.

Algunos, más suspicaces y atrevidos, le preguntaban al profesor si esto se podría relacionar con la trastienda de las noticias que veían en las televisiones sobre Cataluña y, después de escucharles sus reflexiones en voz alta, coincidimos en que, para las diferentes cadenas de televisión, esa forma de contar las noticias (relatos) era más importante que la noticia en sí, que la palabra Objetividad es muy interpretable y, contradicciones de la lengua, a veces subjetiva.

Adoctrinar

Días más tarde empezó a ponerse de moda la palabra “Adoctrinar”. Un buen término que fue aprovechado para usar el diccionario digital gratuito de la Real Academia Española de la Lengua (RAE). Todos los alumnos del centro trabajan con ordenador personal y wifi. Observaron que solo tiene una acepción: “Inculcar a alguien determinadas ideas o creencias”.

Alguien preguntó: ¿influenciar es adoctrinar?

El docente usó diversas estrategias orales para desmenuzar el término, para que hablaran y trasladaran el significado a la realidad más cercana: al instituto, a sus familias y a su entorno. En la definición se encontraron con una dificultad que les indujo a una nueva búsqueda en la RAE: el verbo “inculcar”. Los tres primeros significados les parecieron “fuertes” pero posibles, visto el ambiente actual. La curiosidad aumentó cuando el foco se trasladaba a la televisión, Internet e “influencers” de todas las clases y condiciones. Alguien preguntó: ¿influenciar es adoctrinar?

Al final, al estirar aún más el significado de la palabra “adoctrinar” e introducir matices semánticos, surgieron hipótesis variadas: por ejemplo, si los médicos adoctrinan a sus pacientes para curarlos, si las señales de tráfico también lo hacen, o si el poder de la publicidad nos tiene a todos subyugados. Quedó claro que los tertulianos y los políticos no se salvan. Pero también se comentó que en nuestras conversaciones informales diarias a menudo impera el convencer, con o sin afán de inculcar.

Les prometí que, más adelante, hablaríamos de un nuevo término para ellos: la posverdad.

El proceso para acabar el relato de terror continúa. Será una historia escrita primero en formato digital y después grabada solo con audio, con la posibilidad de experimentar con efectos especiales y de usar sus teléfonos móviles, que están permitidos en el centro. Un relato como producto final después de cruzar varios temas y conversaciones en paralelo y de cuestionar también si ellos con su texto pretenderían adoctrinar o no, aunque fuera de terror.

Mientras, yo sigo reflexionando: con el proceso que he seguido, ¿les estaré adoctrinando?