Opinión

Consecuencias no planificadas del uso de la tecnología en la generación de conocimiento

Opinión Pablo_Aika
Los actuales escenarios de acceso a la información suponen un cambio importante y plantean nuevos retos. Foto: Shutterstock.

A pesar de su interés e importancia, los cambios que se han producido en las últimas décadas en la educación escolar, como consecuencia de la incorporación de las tecnologías digitales, son bastante limitados en comparación con los que podemos esperar que se produzcan en un futuro cercano. Hasta ahora, estos cambios han sido fundamentalmente el resultado de los esfuerzos para incorporar estas tecnologías en el contexto educativo formal, ya sea como contenidos y resultados esperados del aprendizaje del alumnado, o como recurso metodológico para promover el aprendizaje y mejorar la enseñanza. Podemos decir, por tanto, que son cambios deseados, buscados, que afectan sobre todo a los elementos curriculares relacionados con el qué y el cómo enseñar y aprender.

Sin embargo, ya se perciben otros cambios sobrevenidos y no necesariamente deseados ni buscados, los cuales son más bien el resultado de dinámicas económicas, sociales y culturales ajenas en principio a la educación escolar, pero que pueden acabar teniendo igualmente un impacto importante. En esta columna analizaremos dos de estos cambios. En primer lugar, la producción del conocimiento en contextos no formales, y en segundo lugar, la condicionante tecnológica para acceder a la información.

La producción de conocimiento en contextos educativos no formales

Hoy en día existe la tendencia a dar por supuesto que la existencia de nuevos escenarios de acceso a la información puede a la vez generar nuevos conocimientos y más accesibles. Pues bien, no es menor la observación, ya que conlleva asumir que no solo en las instituciones de educación formal se pueden construir saberes. Esto supondría un cambio absolutamente radical en relación a como se ha planteado tradicionalmente en la educación formal, y gran responsabilidad de esto lo tendría la inserción y masificación de las tecnologías digitales en la vida cotidiana de las personas..

En este sentido, creo se produce la siguiente paradoja. Sabemos un poco del rol que las tecnologías digitales han jugado hasta ahora, sabemos un poco menos del que está jugando y sabemos muy poco del que acabará jugando en el futuro. Pero, lo que es seguro es que no se podrán ignorar todas estas oportunidades de acceso al conocimiento que se dan también fuera de las instituciones de educación formal. En este sentido, en un diálogo reciente entre Cristóbal Cobo, César Coll, Juana Sancho y Mercé Gisbert en el marco de la Conferencia Encuentros Barcelona, se planteaba que uno de los principales retos del presente tiene relación con intentar averiguar cómo se construyen las redes de nichos de aprendizaje por donde pasan las personas, entre ellas instituciones de educación formal y de educación no formal.

Uno de los retos es intentar averiguar cómo se construyen las redes de nichos de aprendizaje, entre ellas instituciones de educación formal y no formal

Otro reto importante, lo representa el hecho de que uno de los objetivos de la educación formal es formar a las personas para que puedan actuar de manera competente en las prácticas sociales y culturales de referencia en la sociedad en la que crecen. Si esas prácticas cambian, tienen que transformar totalmente aquello para lo cual preparamos a nuestros estudiantes. Esto se tiene que dar en todos los niveles, de educación básica a superior. Lo que sucede, es que a nivel de educación básica el reto es más desafiante, más exigente, porque no sabemos muy bien como tenemos que avanzar hacia él. Y luego, nuestro sistema educativo que es igual desde el principio hasta final está basado en algo fundamental, la transmisión de información. Por tanto, debíamos ayudar al estudiante a construir conocimiento sobre esa información. Pero esto se ha acabado. La información está ahora abierta y ampliamente disponible.

Hoy en día, hay que enseñar a la gente a acceder a ella, a elegirla, a valorarla, a tener criterios y a partir de ahí construir nuevos conocimientos. Esto nos lleva a pensar que se darán a mediano plazo dos desplazamientos relevantes. El primero, desde la importancia otorgada a la información, a la que se le atribuye al acceso y a la selección de la información. Y segundo, desde la importancia otorgada al hecho de acumular información, hacia construir conocimiento sobre ella.

La condicionante tecnológica para acceder a la información

Uno de los problemas graves que nos encontramos hoy en día es que si realmente el acceso a la información y al conocimiento empieza a poder hacerse gracias, en buena medida, a la incorporación masiva de las nuevas tecnologías a todos los ámbitos de la vida y en otros escenarios más allá de la educación formal, los riesgos de inequidad son enormes. Esto, porque el único instrumento que hasta ahora hemos tenido o el más poderoso para luchar contra la desigualdad y a favor de la equidad es, justamente, la presencia de las instituciones de educación formal. Con todas las críticas, los problemas, las limitaciones que existan, creo que realmente los dos últimos ciclos de educación formal han funcionado como ascensor social en muchos sitios y en muchos países. Por lo mismo no es una casualidad que la mayor parte de políticas de equidad sean políticas educativas.

Si el acceso a la información y al conocimiento se hace gracias a la incorporación de las nuevas tecnologías a todos los ámbitos y más allá de la educación formal, los riesgos de inequidad son enormes

El problema fundamental que tenemos ahora es que en adelante ya no se van a poder hacer únicamente políticas de equidad entendidas como políticas de educación formal y escolar. Será necesario hacer políticas de equidad más allá de los muros de las escuelas y de los muros de las universidades. Esto sin duda es algo muy complejo y complicado.

Un informe de la Fundación Jaume Bofill del 2015, coordinado por el Director del Departamento de Sociología de la Universidad Autónoma de Barcelona, Xavier Bonal, nos reveló que uno de los factores fundamentales del éxito escolar en el presente es el capital cultural y social del alumnado. Hoy en día sabemos, por tanto, que donde las tecnologías digitales se utilizan más es en las familias con un nivel sociocultural elevado. Además, en estas familias los usos que se hacen son más flexibles, menos rígidos, más diversos y más participativos.

Esto nos puede hacer pensar en el hecho de que esta multiplicidad de escenarios que ofrecen oportunidades para acceder a la información y al conocimiento, se podrían terminar convirtiendo, desgraciadamente, en nuevos focos de inequidad. Esto sucederá si es que no se ponen en marcha políticas educativas desde una visión que vaya mucho más allá de la educación escolar o de la escolarización.

Finalmente, lo que resulta importante es que no tengamos una posición determinista y en extremo complaciente con el uso de las tecnologías digitales en todos los ámbitos de nuestra vida. Estas existen como herramientas que facilitan nuestros procesos de acceso a la información y al conocimiento, pero no son en si mismo quienes lo generan.