Opinión

El viaje que educa

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Expedición Tahina-Can. Foto: Adrián Olmo.

Nos gusta viajar. De diferentes formas. Y a diferentes lugares. Nos atrae esa aventura del ir para ver, descubrir y conocer. Podríamos decir que también para experimentar y sentir. O simplemente: vivir. Los estudios dicen además que las nuevas generaciones demuestran un espíritu aventurero consolidado.

Un grupo de docentes e investigadores del Gabinete de Comunicación y Educación de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB) decidimos apostar por el valor educativo del viaje y diseñamos varios proyectos que han convertido el viajar en una fuente de experiencias y reflexiones que enseñan mucho de “comunicación” y mucho también de “vida”.

Una expedición para contar el mundo
El aprovechamiento del viaje como herramienta educativa es un hito tan recomendable como factible. Existen diferentes iniciativas que han constatado las inmensas posibilidades de fusionar tres verbos de gran valor formativo: viajar, aprender y comunicar.

La Expedición Tahina-Can es un proyecto de periodismo de viajes impulsado por el Gabinete de Comunicación y Educación de la UAB. Cada año un grupo de unos 50 jóvenes de todas las carreras (de todas) y de todas las universidades españolas (a veces, con la participación de estudiantes de universidades del país visitado) dan forma a un proyecto de viajes, comunicación y aventura. Los expedicionarios se organizan en equipos de prensa, radio, fotografía, televisión e integran una redacción multimedia. De este modo, el viaje se convierte en un taller itinerante de producción en tiempo real de contenidos de diferente naturaleza.

Además, el programa académico –que huye del turismo convencional– incorpora visitas y actividades en universidades, centros culturales, etc. Por las mañanas, se llevan a cabo reuniones para decidir los temas. Se proponen ideas, enfoques y se reflexiona y debate sobre la pertinencia y viabilidad de los mismos. Por las noches, se valora el trabajo realizado y se desarrollan debates –generalmente, en torno al fuego– para intercambiar opiniones sobre temas vinculados con el territorio visitado o con cuestiones que afectan al día a día de los propios expedicionarios.

El concepto de aula se transforma y el proceso formativo se apoya en el “learning by doing”. Pero, en este caso, le añadimos el “by living”. Aprender haciendo y viviendo. La producción de contenidos se realiza justamente buscando una mirada desde la alteridad, la profesionalidad en el ejercicio periodístico (documentación, contraste de fuentes, edición de los contenidos, etc.) y el compromiso ético.

Aprender… viajando

El Máster en Periodismo de Viajes de la UAB, que comienza en unas semanas su sexta edición, se caracteriza por conceder al viaje un papel protagonista en el proceso formativo. Los estudiantes –procedentes de todas las carreras universitarias y de todos los países del mundo– se organizan en equipos de cinco a seis personas. Se les asigna un destino. Esto es: un rincón del planeta. Posteriormente, debe idear, concebir, definir y producir un proyecto (producto) real de viajes. Para ello, dispone de un presupuesto y, lo que es más importante, deben viajar a la ciudad o región que les ha sido encargada. Es decir: aprenden de viajes, viajando.

Creo a que viajar no se enseña. A viajar se aprende

El ejercicio es una invitación a explorar el lugar, buscar historias y experimentar sobre las formas de contarlas. Hacen documentales, guías de viajes, monográficos, libros, revistas, apps, portales multimedia… Y además, conviven durante semanas, trabajan en equipo, se equivocan, aciertan, contrastan datos, resuelven interrogantes, se enfrentan a nuevas preguntas.

El regalo

Las dos experiencias anteriores reflejan una particular apuesta pedagógica que se apoya en el viaje como herramienta educativa. Los beneficios son varios y todos de gran valor para los alumnos:

  • Aprendizaje vivencial: los estudiantes aprenden sobre el terreno buscando testimonios y generando contenidos de diferente naturaleza. Se lee, se reflexiona, se debate y se crea.
  • Diálogo intercultural: la necesidad de apostar por enfoques basados en la alteridad a través de un viaje que siempre ha de ser “un viaje al otro”.
  • Aprender haciendo: crear contenidos a partir de los propios materiales seleccionados y compilados por el estudiante.
  • Compromiso ético: potenciar la apuesta deontológica por una comunicación que necesita (o a la que le urge) de valores y principios que marquen limites (Internet lo sabe).
  • Construcción de historias: innovar en la formas y en los enfoques para generar relatos de interés.
  • Más y más preguntas: preguntas sobre los lugares visitados, preguntas sobre las gentes que allí habitan, preguntas sobre su cultura, preguntas sobre nuestros lugares (y el contraste con estos), preguntas sobre nosotros mismos… Y, especialmente, generar escenarios en los que el alumnado choque frontalmente con crecientes interrogantes “de” todo y “sobre” todo, entendidos como el combustible para seguir “buscando”.

Nos reunimos muchas veces. Reflexionamos mucho.  Juntamos a un grupo de los que están (estamos) en “esto” de los viajes. Y entendimos que el nuevo panorama educativo demandaba cambios. El perfil de estudiante, la Sociedad de la Infoxicación, la presencia de los medios de comunicación, etc.  El viaje nos ofrecía una oportunidad única de reconvertir o de recuperar la verdadera esencia del verbo educar: educere (“Sacar de dentro”). Simplemente, intentamos innovar, pero tampoco tanto: La historia del ser humano es la historia de un viaje…  Recuperamos ese espíritu y lo llevamos a las aulas. O mejor: fueras de ellas pues ahora el «mundo» (parques, bibliotecas, museos, plazas y avenidas, etc.) es el aula.

Particularmente, creo que a viajar no se enseña. A viajar se aprende. Y se aprende justamente viajando. Pero viajando de una forma diferente, reflexiva y auténtica, que nos ha de recordar, en estos tiempos de choque de civilizaciones, que quizás “somos iguales en las diferencias”.