Opinión

“Estiu 1993”. El arte que sí emociona

El 29 de julio de 2017, paseando por el casco antiguo de Málaga, me topé por primera vez con el cartel de la película Estiu 1993 fijado en la fachada de un cine. Me llamó la atención aquella tierna imagen de la pareja con la niña montada en los hombros de su padre. Por aquel entonces no sabía de qué se trataba exactamente el filme pero me causó mucha curiosidad. En unas tres semanas volví a ver el cartel en Méliès Cinemes en Barcelona y volví a acordarme de esa obra cinematográfica. Guiada por el interés y la atracción hacia la lengua catalana, así como también por el enorme cariño que le tenía a la cultura y a la gente de esa región en general, me animé a ir a ver la película. Al entrar en la sala, ni me imaginaba que a continuación fuera a hacer un viaje de 97 minutos al frágil y complejo mundo interior de la protagonista, que estaba lleno de risas y lágrimas, alegrías y tristezas, esperanzas y desengaños. La historia de un verano especial.

Una película que no deja indiferente

Cuando fui al cine tampoco sabía que la directora de Estiu 1993, Carla Simón, hubiera plasmado en la obra su propia experiencia. Con 6 años perdió a su madre y se fue a vivir a la casa de sus tíos. Y es eso precisamente lo que le ocurre a la pequeña Frida (Laia Artigas), quien en el verano de 1993 pasa a ser la nueva parte de la familia formada por el hermano de su mamá, Esteve (David Verdaguer), su mujer Marga (Bruna Cusí) y la hija de ambos de tan solo 4 añitos , Anna (Paula Robles).

Desde los primeros instantes de la película se pone de manifiesto el método artístico de la cineasta catalana: todos los sucesos los vamos a ver a través de los ojos y la percepción de Frida. En otras palabras, el espectador está destinado a sentir el vasto abanico de emociones que experimenta la misma niña. Me atrevería a decir que cada secuencia se presenta en la forma de un precioso cuadro, y mirándolo detenidamente, descubrimos la complejidad de las situaciones en las que se ve inmersa Frida.

Imagen de La Vanguardia

Ella quiere mucho a su madre, pero tiene que asumir la idea de que nunca la volverá a ver. Sin embargo, y obviamente, la pequeña protagonista no es capaz de resignarse y intenta “llegar a ella” a través de los regalos que deja junto a la estatua de la Virgen María escondida en el jardín de la casa de sus tíos. La relación con Marga y Esteve, que de la noche a la mañana se convirtieron en nuevos padres de la niña, también resulta bastante contradictoria. Por no hablar de la pequeña Annita, que en un par de ocasiones sufre por los “maltratos” de Frida. Aún así, tal y como está creada la obra, en ningún momento del filme nos paramos a juzgar su comportamiento y repochárselo de verdad.

Los logros

Estiu 1993 brinda una interminable fuente de inspiración para la educación emocional tanto de los padres como de sus hijos, y de cualquier persona, en general. La familia que toma protagonismo en la pantalla viene a transmitir vitales y eternos valores de amor y compasión. Además, en mi opinión, cada personaje es el portavoz de alguna virtud en particular. De ese modo, Marga podría ser la encarnación de paciencia y razón, mientras que su esposo emana cordialidad y complicidad. La primita Anna podría considerarse el pequeño símbolo de la sinceridad y el amor incondicional y la imagen de Frida se destaca por su sed de vida.

Imagen de El País

A parte de tener un significativo contenido emotivo, la película nos empapa de la cultura y los paisajes catalanes y también regala el deleite de observar de cerca las pequeñas cosas de verano de los niños.

Imagen de El Mundo

El pasado mes de septiembre llegamos a saber que la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de España eligió Estiu 1993 para respresentar a España en los Premios Oscar. Cabe destacar que la película ya cuenta con varios premios, entre los cuales se hallan el galardón por la Mejor ópera prima en la Berlinale y la Biznaga de Oro del festival del cine en Málaga. La directora, sin embargo, habla con mucha humildad sobre sus posibilidades de llevarse el premio más importante del mundo del cine. Una cosa sí se puede afirmar con certeza: su trabajo ya se llevó los corazones de mucha gente.