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Opinión

Los centros educativos como laboratorios comunicativos en tiempos de la COVID

La llegada de un virus tan desgraciado como el que nos amenaza cada día ha dado motivo no solo a profundos cambios de todo tipo, sino a aportar argumentos para reflexionar sobre el pasado, adaptarse al presente e intentar imaginar futuros que son una incógnita.

La pandemia de la COVID-19 ha puesto al descubierto aspectos latentes o ya presentes de los que a veces se hablaba o se insinuaban, en ocasiones se habían implantado o adaptado al funcionamiento habitual de los centros educativos o bien, en otros casos, habían quedado en segundo o tercer lugar. En esta ocasión vamos a proponer elementos para la reflexión sobre la importancia de la comunicación educativa siempre, pero más ahora en momentos tan inciertos como los actuales.

La comunicación y la educación establecen innumerables vínculos mutuos, sinergias capaces de conjugar un imprescindible servicio público con una gran labor social y ciudadana. Ya en 2016 decíamos en esta revista digital que eran mundos paralelos. Ahora más que nunca los centros educativos disponen de elementos para convertirse en laboratorios comunicativos. Aportaremos elementos de observación y apuntes desde la realidad práctica del trabajo en un instituto público y con la visión de lo que se hace en otros. Sirvan como pinceladas para adaptarlas o extrapolarlas a otros sectores educativos o de otros ámbitos de la sociedad.

Realidades

Estar confinados ha servido para reprogramar el ritmo vital y profesional. Cuando se habla de la educación presencial y obligatoria significa instalarse también en los mundos virtuales, conocidos más en su superficie pero menos en sus profundidades educativas.  La transición desde marzo hasta ahora ha discurrido por caminos diversos, a menudo basados en la urgente adaptación de todos a situaciones no previstas. La realidad confinada en espacios limitados se acompañó del incremento del consumo digital, gracias a la seguridad que aportaron las compañías telefónicas con sus redes de comunicaciones. Si esto hubiera fallado, el aislamiento sí que hubiera sido total.

Septiembre significó apertura de centros, normalidad adaptada, vuelta a lo anterior pero con un bagaje de prácticas educativas que deberían servir para encarar presentes con futuro, realidades presenciales obligadas y necesarias, con posibles confinamientos de personas o grupos en días concretos. Las aulas más seguras dentro de la inseguridad global, donde las preguntas se acumulan y las respuestas escasean: es la frase que trasladamos regularmente a las familias. Dudas, muchas; visiones escépticas, también; cuestionamiento de las medidas, a veces. Pero todo, con los centros abiertos a la educación presencial y medidas sanitarias preventivas.

Comunicación

Comunicación clara, sincera, transparente y periódica: una estrategia que da buenos resultados también en las distancias cortas de la educación, y más en momentos como los actuales. El análisis de la información oficial y la puesta en escena de tantas autoridades como tenemos cuando nos han tenido que comunicar informaciones, datos o actuaciones COVID se ha convertido en una gran fuente de experimentación para deducir algunas buenas formas de llegar a la ciudadanía a partir de los aciertos y errores, junto con otras muy discutibles. Es una evidencia más de la importancia de la pedagogía de la comunicación, una fuente de aprendizaje para evitar caer en la confusión y en esa frase típica de algunos dirigentes públicos (políticos o no): “No nos hemos sabido explicar bien”.

Transiciones

El paso de la presencialidad a la virtualidad generó cambios rápidos para adaptarse y continuar con la enseñanza y que la organización escolar siguiera funcionando. En general el reto se superó con bastante éxito gracias a la profesionalidad docente, a la dedicación de muchas horas y al objetivo de la educación por encima de todo. La vorágine informativa se vio en medio de una realidad política, social, económica y personal muy compleja, en la que estar dentro de casa abría muchas puertas y ventanas digitales a compañías diversas, con objetivos variados, mensajes y herramientas que aumentaban con los días. También a otros fenómenos que se pueden dar: agorafobia, desconfianza, recelos, miedos, otras fobias sociales y pérdida de confianza personal.

La comunidad educativa puso el objetivo en la educación en su esencia, en enganchar a todos los alumnos  pero quizá pasó desapercibido  que la comunicación iba inherente e influía aún más de lo habitual en los procesos de aprendizaje. La transformación digital de los formatos analógicos obliga a una adaptación comunicativa propia que ha venido para quedarse.

Laboratorio

Los centros educativos tienen muchas referencias comunicativas para observar siempre pero más ahora que la distancia, la virtualidad y la socialización digital son elementos clave para la interactividad entre alumnado y profesorado. La propuesta de contemplar los centros educativos también como laboratorios comunicativos pretende incidir en un tema fundamental, en crear atención, reflexionar y generar estrategias para valorar aún más la comunicación en la educación de cada día.

El alumnado, con Internet, está desarrollando muchas de esas estrategias comunicativas que nadie le ha enseñado, forman parte de un autoaprendizaje por el uso y el abuso, se diseñan por imitación, se perfeccionan por los resultados plasmados en los likes recibidos y por la comparación con influencers o personas a las que admiran.

Algunos puntos para la puesta en marcha del laboratorio educativo-comunicativo en los centros escolares, deducidos del funcionamiento desde marzo:

  1. El punto de partida se basa en que, en tiempos de crisis como los actuales, la comunicación ha de ser curricular y transversal en educación. Familias, alumnos y docentes quieren saber de forma clara, transparente y periódica. La dirección es la que ha de centralizar la información y convertirse en una fuente segura. Aportarla genera confianza en la organización y seguridad general. Comunicar a la vez para todos con criterios establecidos, desde la citada dirección, valorada como fuente fiable y creíble. Cada centro puede reflexionar sobre cómo le ha funcionado desde marzo hasta ahora, qué ha aprendido y cómo reafirmar un buen plan de comunicación.
  2. Interactividad comunicativa: los actuales canales de información generan flujos bidireccionales. Responder siempre con un discurso sencillo pero elaborado, con amabilidad, atenciones, agradecimientos y con explicaciones aporta tranquilidad y fidelidad. Cuando se trata de mensajes en redes sociales, la difusión de las respuestas amplifica los mensajes. Sin generar ruidos innecesarios ni confusiones.
  3. De la educación presencial del 13 de marzo a la virtual posterior y ahora de vuelta a la presencial de nuevo: este viaje de ida y vuelta motiva para hablar de factores como los formatos de transmisión y recepción en el contacto entre alumnado y profesorado; cuáles fueron los criterios para este salto tan grande y de un día para otro, si la adaptación fue espontánea por su urgencia o pautada con criterio. Transcurrido un tiempo se puede analizar si se ha conseguido una auténtica transformación digital, inevitable hoy, con la disponibilidad de dispositivos, conectividad, formación de los docentes y la consolidación de modelos híbridos educativos como una apuesta para que convivan los formatos presenciales y online en equilibrio desde el día a día de las aulas, pensando también en posibles confinamientos de personas,  grupos o de todo el centro.
  4. Los canales de comunicación de la organización educativa y la estructura de la comunicación horizontal y vertical, en formato presencial y online. Es preciso incluir y aprovechar el gran poder y la notoriedad del alumnado en las redes sociales que utilizan. Su dominio de fotos, mensajes, generación de videos, captación de interés o likes se ha de usar también para el aprendizaje y en las clases. Del profesor al alumno y al revés. Durante el confinamientos fue una buena oportunidad para proponer trabajos y actividades en los que la creatividad estudiantil y sus dotes en comunicación digital ayudaran a aprender y a reflexionar sobre el uso de estas herramientas, con posturas éticas y críticas.
  5. El poder de la información educativa en redes, con la gestión del conjunto y la necesidad de  una política de educación en comunicación digital al servicio de la organización. La figura del community manager educativo cada vez es más necesaria. También la visibilidad de los centros educativos, ambos temas reflejados en estas páginas en 2017.
  6. El factor ético de la comunicación, sea educativa o de medios: desde la experiencia personal, el análisis de cómo los medios nos han cambiado y conformado nuestras percepciones y opiniones.  O qué hay detrás de los usos y de los discursos sobre la tecnología, yendo más allá del supuesto dominio del dispositivo en manos del alumnado, que a menudo es muy intenso pero fragmentado por el desconocimiento. También, centrarse en el valor de la duda y del escepticismo: el hecho de escuchar solo aquello que nos confirma nuestras creencias o prejuicios, sin sospechar, ni siquiera acercarse a disponer de información sobre los juicios de quienes piensan contrario a nosotros.
  7. El uso de la actualidad COVID para extender el pensamiento crítico. Medios de comunicación, redes sociales, canales de mensajería han sido referentes informativos, a menudo citando fuentes fiables y difundiendo información muy elaborada, otras con noticias falsas  y muy virales. Los alumnos han de aprender a discernir, saber cuándo y cómo creer o no y evitar la viralidad de temas que se difunden como si obedecieran solo a un acto reflejo y espontáneo.
  8. El análisis de la imagen digital y de la comunicación no verbal: la enseñanza online se basó mucho en la transmisión síncrona de contenidos por canales multimedia tipo Meet, Teams, Zoom, etc.  Ponerse delante de la cámara del dispositivo, compartir pantallas, contenidos, acordar normas de uso, proyectar la imagen personal, participar en  intervenciones multicanal o efectuar grabaciones todo fue más que un juego a ser editores, realizadores, locutores  y productores de contenidos. No había conocimientos técnicos previos pero sí imitaciones y sentido común, aunque solo se centrara en traspasar una clase presencial al formato virtual. También, las clases asíncronas, con el uso de fórmulas comunicativas diversas, o la mezcla de una fórmula y otra. Cada centro dispone de muchas experiencias como para reflexionar y perfeccionar la transformación digital.
  9. La comunicación consentida de la privacidad y de la intimidad: una realidad muy presente entre niños, adolescentes, jóvenes y también adultos que difunden su vida y datos en las redes sin apercibirse de las consecuencias. TikTok, Instagram , WhatsApp y Facebook son cuatro buenos ejemplos pero no los únicos. Debería ser un contenido transversal presente en el día a día del aula, para aplicar luego sus enseñanzas  fuera de ella. La escuela ha de formar antes de que ocurra. A menudo las emociones imperan por encima del sentido común y de la razón.
  10. La comunicación, con honestidad y con el ejemplo: la pandemia actual, su gestión, expectativas e historial mediático han dejado titulares y conceptos como para aprender de cara al futuro. Si la gestión de hechos y situaciones excepcionales es de gran complejidad, la ciudadanía tiene derecho a la veracidad y a la claridad, aunque abunden las incógnitas. Las escuelas también a la hora de actuar, y no con instrucciones siempre provisionales y abstractas, donde improvisar puede ser adaptarse pero también no saber cómo planificar.  El laboratorio de cada centro docente también puede analizar cómo se ha gestionado todo y qué efectos ha producido en la enseñanza del alumnado, en la comunicación global y en la organización.

Innovación en educación, comunicación y tecnología: una apuesta del Gabinete de Comunicación y Educación de la UAB  que también debería convertirse en  líneas de actuación imprescindibles para los centros educativos del presente que miran al futuro.