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Cinco formas de trabajar la empatía con adolescentes

Practica estos recursos dentro o fuera del aula para mejorar las habilidades sociales de los jóvenes
Foto: Flickr/giveawayboy

La adolescencia es una etapa complicada. El joven está inmerso en una fase de cambio y experimentación que muchas veces le hace sentirse incomprendido. Por otro lado, tampoco es tarea fácil comunicarse con él. Tanto una parte como la otra tienen la necesidad de ser escuchados, y eso solo se consigue siendo empático.

A muchos padres y profesores les preocupa la falta de motivación de su hijo o alumno adolescente. No tienen interés por nada, afirman. Pero eso podría ser posverdad. Los jóvenes tienen inquietudes, tienen curiosidad; el reto está en saber cómo y dónde enfocarlo.

La adolescencia es, también, una etapa importante, en la cual se desarrollan las características psicológicas. Durante el proceso, las inseguridades y los miedos están a flor de piel, dado que estamos expuestos a infinidad de presiones sociales, y es por eso que la mayoría de veces los jóvenes tienden a afrontar los problemas por sí solos. Por lo tanto, es importante ayudarles a saber como exteriorizar, compartir y resolver dichos problemas. Y, para ello, la labor del educador es crucial.

La empatía

A través de la empatía, conseguimos comprender mejor a las personas. Tener la capacidad de ponerse en la piel del otro es la base de cualquier tipo de relación social. En consecuencia, cuanto más la desarrollemos, más exitosas serán nuestras relaciones.

He aquí algunos ejemplos para trabajar la empatía con adolescentes a través de la metodología “Learning by doing”.

  1. La realidad virtual: experimentar

La tecnología es parte de la vida de los llamados “millennials”. Si hablamos de adaptar el aprendizaje al alumno, la tecnología tendrá un valor fundamental. Sin olvidarnos, claro está, de elegir bien la herramienta para cada objetivo específico. En este caso, si nos interesa que el adolescente experimente sensaciones de otra persona o contexto, la realidad virtual puede ser una buena apuesta.

Por ejemplo, podemos ponernos en la piel de un invidente que cruza la calle, o en la de una persona sorda en una fiesta. También podríamos transportarnos a cualquier lugar del mundo para conocer la vida de otros jóvenes con diferente cultura.

  1. Las redes sociales: conocer

Los adolescentes emplean una parte importante de su tiempo en las redes sociales. Por un lado, para saciar la necesidad de socialización y, por otra, para seguir la vida de sus referentes. La web nos da la oportunidad de hacernos eco en todo el mundo y, por tanto, de conocer realidades que no existen en nuestro entorno. Gracias a ello, se crean comunidades de minorías sociales sin la condición de la proximidad espacial y sirven de ayuda a aquellos jóvenes con problemas de integración social.

La modelo Winnie Harlow, por ejemplo, ha ayudado a normalizar una enfermedad en la pliel (el vitíligo). Haciendo pública su experiencia traumática causada por su condición de piel, ha ayudado a los que tienen vitíligo a quererse tal y como son y, a los que no, a conocer y a aceptar su condición.

El actor Gaten Matarazzo, el pequeño Dustin Henderson en la serie Stranger Things, también ha servido de ayuda a muchos jóvenes. El simple hecho de visibilizar y tratar con normalidad su enfermedad llamada displasia cleidocraneal ha hecho que mucha gente de todo el mundo salga de su “caparazón”.

Las redes sociales, a su vez, pueden ser herramienta para alimentar las inseguridades en la adolescencia, normalmente relacionadas con características del aspecto físico, consecuencia de la imagen estereotipada que siguen vendiendo los medios hoy en día. Por esa razón, la alfabetización mediática es imprescindible. Es decir, los jóvenes deberían ser críticos con lo que consumen, pero la mayoría no lo son. Partiendo de ahí, surgen infinitas dinámicas que se podrían llevar al aula. Así como reflexiones críticas sobre la imagen de la mujer en los medios, el bullying, la anorexia o la sexualidad. El rol profesor debería ser el de mediador y ceder el protagonismo a los alumnos.

  1. El teatro: crear

Después de sentir y conocer, el teatro es una herramienta muy efectiva para crear. La empatía no es teatro, pero el teatro sí es empatía. Interpretar un papel nos obliga a dejar nuestro yo y crear uno nuevo. Lo interesante es que cada uno lo interpreta a su manera, pero todos hacen el ejercicio de abandonar el pensamiento propio para actuar como lo haría el otro. Así, nos involucramos en situaciones que nunca antes habíamos experimentado, que incluso ayudan a exteriorizar aspectos propios que teníamos guardados.

El teatro del oprimido, metodología artística creada por el actor, director y pedagogo teatral Brasileño Augusto Boal, entiende el teatro como motor de cambio y empoderamiento de ciertos colectivos para visibilizar y analizar estructuras de poder que los oprime. Esto puede ayudar a los adolescentes a sentirse más libres, aprender a no juzgar y a encontrarse a sí mismos. En Barcelona, por ejemplo, la entidad Forn de teatre Pa’tothom pone en práctica dicha disciplina “por la defensa de los Derechos Humanos, la erradicación de prácticas que generan exclusión social y en búsqueda de modelos sociales alternativos”.

  1. El deporte: compartir

Otra de las características de los adolescentes es que tienen mucha energía. Es importante que la canalicen de un modo u otro. El deporte puede ser una opción, y además, aprenderán a trabajar en equipo; a aceptar los límites de cada uno y los del compañero, a ceder responsabilidades o a compartir la victoria y la derrota. De este modo, intentarán alcanzar el objetivo juntos e, independientemente del resultado, sentir que los comprenden les aportará fuerza.

  1. Proyectos colaborativos: enriquecerse

Vivir experiencias fuera de la zona de confort ayuda a cuestionarse la verdad de uno mismo. Tomando parte en proyectos puntuales se pueden conocer a personas de diferentes realidades, aprender a convivir y a trabajar con ellas. Crear algo con adolescentes de diferentes capacidades intelectuales, físicas, económicas o sociales fortalecerá la educación cívica del joven. Estos proyectos se pueden materializar en vídeos, obras de teatro, un partido de fútbol o en una experiencia de voluntariado, como lo hacen en la fundación Marianao. Lo verdaderamente importante es saber compartir e incidir en entender que existen formas de vivir como personas en el mundo.