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“Gran Hermano” en las aulas

El programa de televisión "El Instituto" introduce 55 cámaras en un centro educativo de Fuenlabrada para mostrar cómo es el día a día de alumnos y docentes
55 cámaras observan el día a día de los alumnos de El instituto. Foto: Movistar.

Se llama El Instituto y es un nuevo programa que realiza el seguimiento de 49 estudiantes y de sus docentes en clase a través de 55 cámaras instaladas en las aulas, en los pasillos y en el patio. La producción, que se emite por el canal de televisión privado #0 (Movistar+) desde el pasado mes de septiembre, tiene un formato que recuerda inevitablemente al conocido Gran Hermano, ya que las cámaras recogen al detalle el día a día de los alumnos sin perder detalle.

El Instituto es en realidad el centro educativo concertado Manuel Bartolomé Cossío de la localidad madrileña de Fuenlabrada. Los protagonistas, los alumnos de 4º de la ESO del mismo. Y, aunque el programa se define como “una serie documental pionera y única en España que ofrece una aproximación sin restricciones a la vida educativa, tanto de los alumnos como de los profesores”, la propuesta parece acercarse más a un reality show.

La productora del programa, Shine Iberia, que produce también otros formatos televisivos como Masterchef, explica que El Instituto permite “apreciar los desafíos y los retos de la educación española por dentro”. Una percepción no compartida desde la Federación de Sindicatos Independientes de Enseñanza (FSIE), que defiende que “para analizar la enseñanza no es ésta la mejor fórmula, porque aunque quizá la intención sea buena, se puede caer en visiones sesgadas o en estereotipos que pueden funcionar en este formato pero que se alejen de la realidad”.

El programa está inspirado en el británico The School, emitido en el canal ABC y Educating Cardiff, o Educating Essex, emitidos en el también británico Channel 4.

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Los alumnos

El Instituto fue rodado durante el último trimestre del curso pasado, cuando los alumnos de 4º de ESO se encontraban en un momento de cambio importante, al finalizar la etapa de educación obligatoria. A lo largo de los capítulos muestra el día a día del aula y los conflictos que surgen tanto entre los estudiantes como con los maestros. Aparecen docentes pidiendo a alumnos que escondan el móvil, alumnos con castigos por faltas de respeto, copiando en los exámenes, conflictos y romances entre estudiantes… todo lo que puede ocurrir en un aula repleta de adolescentes llenos de energía, dudas e inseguridades.

“Da la impresión de que las cámaras sienten una atracción especial hacia alumnos que bostezan, intentan copiar o faltan el respeto a compañeros y profesores. El programa tiende a señalar los aspectos más negativos”, opina Jerónimo García Ugarte, profesor, pedagogo y filósofo. “Lo positivo de lo que ocurre en las aulas no suele ocupar un lugar visible en este tipo de programas. Creo que es una tendencia bastante generalizada en los medios cuando se habla de educación”, añade.

Como parte del formato televisivo del programa, la emisión de imágenes en las aulas, pasillos y recreo se combina con el testimonio directo de alumnos y docentes ante las cámaras, un espacio dónde expresan sus opiniones y comentan lo sucedido.

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Valor pedagógico

¿Cuán pedagógico es exponer a adolescentes a las cámaras durante su jornada escolar? García Ugarte destaca que “uno de los grandes problemas de este tipo de ficciones, en este caso un Gran Hermano escolar, es que se generen entre los alumnos modelos de identificación y no precisamente con referencias muy positivas. ¡La reivindicación del “malote” siempre tiene su atractivo para un adolescente!”.

El centro educativo defiende que los alumnos se adaptaron enseguida a las cámaras, pese a que “los primeros días, a lo mejor las chicas se arreglaban más”. Aun así, no resulta sencillo imaginar una absoluta normalidad con 55 cámaras observando y micrófonos en la solapa del polo blanco o del jersey granate del uniforme. “Al tratarse de un programa de televisión es muy difícil que, sobre todo los alumnos, no caigan en una sobre actuación”, apunta García Ugarte. “No creo que tenga un valor pedagógico importante. En un momento educativo como el actual, donde la innovación trata de encontrar un lugar estable, creo que sería más pedagógico un tipo de programa que se centre en las muchas cosas buenas, proyectos interesantes que se están haciendo en los centros escolares españoles”, apunta.

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El profesorado 

Los profesores aparecen también en El Instituto como piezas fundamentales del día a día del aula. Enseñando, apoyando y riñendo. Todos ellos aceptaron la entrada de cámaras a sus clases, exponiendo su trabajo diario. “Un aspecto positivo del programa es que refleja bastante bien la vocación y el interés de los profesores por hacer su trabajo lo mejor posible y sacar lo mejor de cada uno de sus alumnos”, reflexiona García Ugarte. Aun así, el profesor y pedagogo añade: “si queremos hacer programas con valor pedagógico, hay que ofrecer a los profesores ideas que les ayuden a solucionar los problemas a los que se enfrentan y nuevas posibilidades metodológicas innovadoras que les ayuden a seguir manteniendo viva su ilusión y vocación”.

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