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Viajar para aprender

Viajar y aprender son dos verbos que van unidos, pues no hay viaje que no sea una experiencia formativa y de la que se aprenda. Aika dedica esta semana al viaje como elemento educativo
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Sonrisas en el mercado de Turmi, Etiopia. Foto: David Rull

Viajar, del latín via: “acción de trasladarse de un lugar a otro generalmente distante”.

Aprender, del latín apprehendere: “acción de adquirir el conocimiento de algo por medio del estudio o de la experiencia”.

Son dos verbos especialmente unidos, profundamente interrelacionados: viajar para aprender, y aprender a viajar. En muchas ocasiones, el viajero emprende su camino movido por un ansia de exploración, de descubrimiento, de aprendizaje. Incluso son muchos los que atestiguan que todo viaje constituye por sí mismo un intenso y provechoso ejercicio de formativo.

El viajero que se pierde, el que saborea un manjar desconocido, el que disfruta en silencio de un amanecer, el que escucha la voz de los lugareños, el que contempla ensimismado unas legendarias e imponentes ruinas mayas, el que nunca halló su destino, el que descubre un enigma, el que sabe que volverá, el que reconoce un lugar, o incluso el que desfallece tras una larga caminata…: todos, bien de forma consciente, bien de forma inesperada, aprenden de su viaje, esto es, adquieren conocimiento a partir de lo visto y lo vivido.

Viajar de otra manera

La propuesta es concebir y experimentar el viaje de otra forma diferente. No se trata tan sólo de memorizar nombres y datos, no consiste en aprender historias, gentilicios o monumentos. Aprender a viajar es algo más complejo, más profundo, más efímero. Incluso, en ocasiones, se trata simplemente de aplicar una difícil, pero necesaria, acción: “desaprender“. Esto es: abandonar los prejuicios, los tópicos y los esquemas preconcebidos que viajan con nosotros en nuestra maleta. Sólo así, el visitante podrá conocer en esencia el lugar visitado, aprender de él y abandonar la condición de simple «turista» para convertirse en un verdadero y auténtico «viajero».

En ocasiones, en los viajes se trata simplemente de aplicar una difícil, pero necesaria, acción: “desaprender”

Y así, poco a poco, jornada a jornada, viaje a viaje, entenderá que, como señala el escritor Raúl Rossetti: “Son demasiados los lugares donde podría quedarme y vivir para siempre. Por eso, deben existir los viajes. Estar y dejar de estar en todos los lados”. Experimentará las palabras del literato Noel Clarasó cuando dice: “Lo mejor de los viajes es lo de antes y lo de después”. Entenderá la frase del escritor José Vasconcelos: “Un libro, como un viaje, se comienza con inquietud y se termina con melancolía”. Asumirá el irrefutable dictamen del literato Mark Twain: “El que está acostumbrado a viajar sabe que siempre es necesario partir algún día”. Y vivirá aferrado a la breve, pero gratificante sentencia del pensador José Saramago: “La felicidad tiene muchos rostros… viajar es uno de ellos”.

El viaje que educa

El viaje atesora un potencial formativo titánico. Aika se centra en reflexionar sobre las posibilidades educativas del viaje. Escriben viajeros, trotamundos, arqueólogos, naturalistas, egiptólogos, antropólogos, reporteros, escritores… y reflexionan sobre el viajar como una acción que debe recuperar su importancia en el escenario educativo. Desde cómo “fotografiar” al otro a cómo descubrir a través de una propuesta didáctica basada en un safari urbano tu propia ciudad. Desde las reflexiones del periodista Xavier Aldekoa en África hasta la aventura de aprendizaje de la también periodista Pepa Roma a lo largo de su vida.

A lo largo de esta semana, se publican experiencias académicas que han llevado a cientos de estudiantes de diferentes edades y de todo el mundo a recorrer el mundo para aprender viajando. La Ruta Quetzal, ideada por el mítico De la Quadra-Salcedo o la Expedición Tahina-Can son algunos de las experiencias de éxito que se presentan en este especial informativo. También recursos prácticos para tratar el viaje de los refugiados en el aula a partir de cortometrajes, películas para abrir el apetito viajero o propuestas para viajar a la multiculturalidad con los cinco sentidos. Abrimos además una reflexión sobre las diferentes formas de entender el viaje buscando siempre que se convierta en una auténtica experiencia de exploración, descubrimiento y aprendizaje.

Aika hace un especial énfasis en la alteridad, la interculturalidad y, en definitiva, en la búsqueda del otro, en un mundo cada vez más necesitado de un fluido y eficaz diálogo intercultural. Quizás, no se equivocó aquel viajero del mundo árabe: “Quien vive, ve mucho; quien viaja, ve más”.Air Jordan VII 7 ShoesAir Max 90 YEEZY 2 SP

1 comentario

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  • Excelente post Gracias por este artículo ¡Genial!, viajar ayuda a ganar amplitud de miras, además de ser la mejor forma de aprender de forma pasivo, Viajando se aprende de geografía, de costumbres, de diferentes culturas, se prueban nuevos sabores, se aprende sobre idiomas, religión, deportes, maneras de conducir o sobre el reparto de la riqueza, el respeto y la escolarización de sus gentes, otros aspectos buenos que tiene viajar… empezamos a apreciar las pequeñas cosas mucho más, como comprender al vecino, que alguien hable tu idioma o te ayude a encontrar la estación de tren y un sin fin de beneficios y enseñanzas que no solo nos hace crecer como personas si no conocer distintos destinos, es así como viajar para aprender es un factor que debemos tener en conocimiento.!